Una y no más.

Hubo una vez en la que trabajaba en una inmobiliaria como vendedor.

Normalmente, una inmobiliaria funciona de la siguiente manera: la inmobiliaria trata de captar casas y clientes a los que venderles esas casas. La captación de las casas se realiza mediante un contrato con el dueño del inmueble (que se supone quiere vender su casa) en el que se agrega una comisión al precio de la vivienda que se quedará la inmobiliaria. El dueño no pierde nada y la inmobiliaria le ayuda a vender su propiedad a cambio de un porcentaje.

Una vez me tocó enseñar una propiedad de un valor elevado (2.2mm) a un cliente de otra inmobiliaria (la comisión generalmente se reparte al 50% entre las inmobiliarias, una por haber captado al comprador, la otra por haber captado la vivienda). En esa ocasión estabamos el comprador, el agente de la otra inmobiliaria, el abogado del dueño de la propiedad y yo. Para que no haya juegos sucios, se firma un contrato entre las inmobiliarias para el justo reparto de la comisión. A mi esa vez, porque así los astros lo conjuraron, se me olvidó firmarlo… y además, en un instante en el que me di la vuelta, el agente de la otra inmobiliaria le dio una tarjeta de contacto al abogado del dueño de la propiedad, de forma que pudiera ganarse igualmente la captación de esa vivienda, y nosotros nos quedabamos sin nada. Le pillé con el rabillo del ojo y las tripas se me retorcieron un poco.

Me di cuenta del despiste del contrato cuando iba por la autovía ya de regreso. Era demasiado tarde. Imaginaos lo que se me pasaba por dentro. Ya empecé a pensar como un loco buscando soluciones. De repente vi la luz: si el agente de la otra inmobiliaria me confirma mediante un email que la captación de la vivienda era nuestra, estaba todo salvado. Ese email de confirmación funciona a modo de contrato.

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De inmediato le escribí un email y también le llamé explicándole lo sucedido, y que por favor me respondiera lo antes posible.

-Sí sí, no te peocupes, ahora mismo te respondo por email.

El email por supuesto no llegó ese día.

Al día siguiente le escribí otro email y le llamé de nuevo. Obtuve igual respuesta.

– Sí, no te preocupes, después te escribo.

El mismo resultado. La crispación y el amargor de saber que hay personas que juegan así de sucio crecía.

Pasaron los días y el email de confirmación no aparecía (y dudaba ya mucho de que apareciese).

Hasta que se encendió de nuevo la bombilla.

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Le llamé de nuevo, pero esta vez haciéndome pasar por un comprador brasileño con el fin de saber a qué hora estaría el agente en su oficina y así hacerle firmar el documento. Pero al mismo tiempo, le llamé a propósito desde el mismo teléfono de la oficina desde el que le había estado llamando, cuyo número seguro ya conocía o tenía registrado.

-Buenos días.

-Hola buenos días.

-Me llamo Paulinho Costa (o un nombre así le dije) y estoy buscando un piso por la zona. Un amigo mio me dio su número de teléfono, que me dijo que ya le conocía.

-Perfecto, pues voy a necesitar algunos datos más para concretar lo que realmente busca. ¿Le parece bien si nos encontramos y hablamos sobre ello?

-Sí muy bien. ¿Dónde y cuando podríamos encontrarnos?

-Le parece bien en mi oficina a las…

Ya estaba hecho. Pero por otro lado, como yo esperaba, el agente de la otra inmobiliaria se lo olió. Reconocería el número desde el que le llamé y en menos de 20 minutos me llegó el ansiado email de confirmación de haber visitado la vivienda juntos aquel día.

Desde aquella situación, aprendí que guardarse las espaldas no está de más, ya que nunca sabes por donde te van a salir las personas.

Ante situaciones drásticas, soluciones drásticas.

Escalando en la vida.

Llevo escalando algo más de 13 años y aún sigo siendo un apasionado por este deporte. Bueno, el término deporte quizás se queda algo corto, sólo describiría una de las acepciones de las muchas que tiene para mi esta palabra.

La escalada es compañerismo, aprendizaje, respeto, es una circunstancia muy especial donde muchas cosas suceden en poco tiempo.

Normalmente los amigos quedamos por la mañana o por la tarde para escalar por unas horas o quizás un par de días. Vamos en coche, autobús o cualquier medio que nos lo permita. Una vez en la roca, preparamos el material (arnés, cuerda, mosquetones, cintas, aseguradores, pies de gato, magnesio…), nos lo ajustamos bien, cuidadosa y meticulosamente, revisamos al/los compañero/s, y escalamos hasta quedar satisfechos (o exhaustos por el esfuerzo). Después, según una costumbre que estamos llevando últimamente, nos paramos en algún bar o venta y nos tomamos una más que merecida cerveza.. o dos.

Es un deporte de riesgo, eso es innegable. Pero debido a la seguridad del material (que es desechado cuando termina su vida útil) y a la experiencia que llevamos encima, hacen que esta vertiginosa aventura se convierta en una agradable y fascinante experiencia. La clave es aprender, y aprender bien: la fuerza de la gravedad no perdona.

En las pocas horas en las que se desarrolla la actividad se suceden multitud de cosas: se hacen amigos, se refuerzan amistades, se cuida y supervisa a los compañeros, se respeta el ritmo y tiempo que a cada uno le lleva hacer una vía de escalada, se superan miedos y límites, se realiza ejercicio físico y mental, se hacen bromas y se cuentan chistes e historias, se está en contacto directo con la naturaleza, se cuida y respeta el medio ambiente. Es una actividad desde uno mismo, con uno mismo y para uno mismo, realizándose en compañía.

Es una gran cantidad de situaciones que se suceden en poco tiempo, haciendo parecer que la experiencia de la escalada sea muy intensa para aquellos que la practican. Es quizá lo que la hace tan atractiva.

La escalada por disfrutar de la escalada y de las cosas que suceden escalando.

Vender.

Mucho se ha escrito ya sobre las ventas: cómo vender o aumentar las ventas, cómo atraer clientes, cómo rematar una venta…Yo quiero contar una experiencia que tuve hace poco.

Era por la tarde, estaba esperando fuera del coche comiéndome unas cerezas tranquilamente. De repente se acercaron dos chicos de unos 24-25 años vestidos con camisetas con el logo de una organización conocida vendiéndome lotería. Uno llevaba gafas y el otro el pelo largo hasta los hombros. Después de una pequeña introducción por su parte intentando conseguir algo de cercanía conmigo (de dónde eres, a qué te dedicas, etc.), el de las gafas me dijo:

“Mira, solo me quedan 4 papeletas, si las vendo ya nos podemos ir para casa que llevamos todo el día dando vueltas”.

Es una táctica que se ve de lejos, además su compañero sujetaba otras 4 o 5 papeletas. Pero bueno, quería hablar más con ellos para ver qué más sucedía en esa situación.

“Está bien, ¿cuánto cuesta una?”

Me dijeron que 5 euros cada papeleta (20 euros en total). Resoplé, sonreí y les ofrecí unas cerezas, pero las rechazaron.

-“¡Si me compras una y te tocan los 3 millones nos vamos los tres al Caribe!”

-“Si tu me regalas una papeleta y me toca el premio os invito a un viaje al Caribe” – les propuse yo.

-“Pero si te regalo las papeletas las voy a tener que pagar yo” – se reía- “¡y no puedo empezar a hacer eso con todo el mundo!”.

-“!Pero si me toca nos vamos al Caribe!”.

-“¿Y si no te toca qué?”- me respondió.

Ahí básicamente se terminó nuestra conversación. Ellos vinieron a ofrecerme un producto que ni ellos mismos se lo creían. Una de las cualidades del humo es que el humo se esfuma… y eso es lo que vendían, humo.

Acabamos riéndonos y nos despedimos.

Después de ese incidente, me venía a la mente una y otra vez ese dicho que me gusta tanto que dice algo así:

Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios.

 

 

 

 

 

 

Viaje a lo desconocido..

Tenía que volver de Málaga a Granada. Había concertado un viaje a través de Blablacar con un hombre, y éste antes de recogerme a mi debía recoger a otra persona.

Lo vi llegar, entré en el coche, me senté en el asiento de atrás y nos saludamos todos. El conductor era un guía turístico de la Alhambra. El copiloto era el chico que debía recoger antes de mi, un francés jóven con barba larga, pelo largo y algo enmarañado, y llevaba en el regazo una maleta de piel.

Empezamos a hablar de diversos temas. Me parecía raro que el conductor hablase poco. Yo trabajé de guía turístico anteriormente y normalmente hablan por los codos.

En esto que el francés nos pregunta si vemos mucho la televisión. El conductor dice que no mucho, y yo le dije que tampoco mucho porque tanto catastrofismo (sobre todo en las noticias) me incomoda. A lo que el francés me contestó:

Sí, imaginate que a cada muerte de este planeta te llega un mensaje al móvil. Nos volveríamos locos!

Raro. No digo diferente, digo raro. Me eché a dormir un poco.

Me desperté y habíamos llegado a la estación de autobuses de Granada donde el francés debía bajarse. El conductor fue muy amable acercándole. Nos bajamos todos, el francés y el conductor para bajar sus maletas, y yo para pasar al frente porque me iba a llevar algo más lejos. Le dimos de paso el dinero al conductor. Nos despedimos del francés (que por cierto, al ponerse de pie vi que llevaba una sotana negra al estilo de un ortodoxo) y tan pronto entramos en el coche, el conductor me dice:

JODER!! Mierda, mierda, mierda! Tú sabes quién era ese?!?

Yo no entendía nada. Ahora, sin el francés en el coche, el guía mudo de la Alhambra empezó a hablar todo el rato como loco, contándome la historia de una célula terrorista y de porqué no había hablado en todo el viaje (no quería tener nada que ver con ese tipo). Al parecer, me comentaba, nos había venido seguiendo todo el camino un coche con 3 secretas dentro, porque este francés supuestamente era un yihadista de una importante célula terrorista recién desarticulada en Melilla y Málaga, formada por franceses que eran entrenados para inmolarse en Siria.

http://www.rtve.es/noticias/20140314/desarticulada-celula-envio-yihadistas-siria-siete-detenidos/896522.shtml

Yo me quedé de piedra entonces.

Al poco tiempo estabamos los dos llorando de risa, soltando la tensión. Fueron unos 5 minutos más de travesía con él, pero fueron 5 minutos de mucha alegría, hablabamos entendiendonos perfectamente, y he de decirlo, 5 minutos de agradecimiento por la vida. Quedó un contacto muy positivo entre nosotros.

Al final resulto ser una experiencia totalmente positiva, de esas que piensas: “sería genial publicarla en un blog!”

Por eso, y para terminar, me gustaría citar al genial escritor Mark Twain, quien dijo una vez:

“Soy ya viejo y he conocido muchos grandes problemas pero la mayoría de ellos jamás sucedieron.” M. Twain.